31.1.05

- II

A brillo de pulmón inflábamos planetas. De la pulpa del aliento asomaban resplandores, dientes de león que se elevaban hasta el paladar del cielo.

Y

le

lamía

en

braille

y

le

leía

el

viento

y

me

guiaban

cernícalos

sextantes

.

Nevaba neón sobre cada oscuridad del esqueleto.

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