A brillo de pulmón inflábamos planetas. De la pulpa del aliento asomaban resplandores, dientes de león que se elevaban hasta el paladar del cielo.
Y
le
lamía
en
braille
y
le
leía
el
viento
y
me
guiaban
cernícalos
sextantes
.
Nevaba neón sobre cada oscuridad del esqueleto.
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